jueves, enero 02, 2020

SANTIDAD

La santidad es vida nueva en Cristo Jesús. Vida sobrenatural. Vida en el Espíritu de Dios.
¿Qué podrá saber el mundano de santidad? Nada. El que vive para el mundo, no puede agradar a Dios. Por eso así como el hombre dejará la casa paterna para el matrimonio, así el hombre para alcanzar santidad dejará al mundo, la carne y el pecado.

Entrar caminando hacia el Padre Dios por la vida en Cristo no se compara a nada que el mundo conozca.

Dios deifica al hombre a través de los sacramentos y éste deberá introducirse por obediencia a Dios a una total disposición al Espíritu Santo y mediante la oración y buenas obras a dónde todo es posible para Dios.

El mundo ateo y descreído nunca lo conocerá. Ser asistido por los bienaventurados del Cielo, María Santísima y Jesús, Nuestro Salvador.

Quien nunca rezó no sabe de humildad ante Dios, no sabe pedir, no lo llama con insistencia al Todopoderoso.

El Diablo tratará de que no llegue a la santidad, pero debo recordarle que la santidad la da Dios y la completa, porque nosotros queremos pero Dios es el Santo, Santo, Santo.

sábado, junio 08, 2019

Consagrarse es entregarse más perfectamente

Consagración a Jesús por María


Lic 15, 11- 23 Parábola del hijo pródigo nos ofrece la realidad de la caída en pecado/s y la conversión a Dios.

La consagración es ir donde el Padre, dejar las alcachofas que ofrece el mundo y adentrarse en el misterio de Dios que es TODO AMOR Y TODO PERDON.

Conocer el amor infinito de Dios en Su Hijo por medio de María su madre. Ella es la dispensadora de todas las gracias actuales y sobrenaturales.

Primero tenemos que dejar de ser seducidos por el mundo, no podemos tener ídolos como el dinero, un status elevado o unos ojos para lo libidinoso.

Yo le propongo entrar en la Presencia del Señor  "Quince minutos con Jesús" Dios está en el corazón de todo bautizado y Jesús está más plenamente en el Santísimo Sacramento del altar. Tomé la costumbre de entrar en la Presencia de Dios y luego lo estará siempre.

La misa diaria y la liturgia de las horas son su espiritualidad si desea consagrarse a Dios, María todo lo meditaba en su corazón, dejé todo lo que lo aleja de Dios.

Bendiciones, comente gracias

jueves, marzo 21, 2019

Te ama infinitamente, ahora.

Contra la depresión 

Dios vive ahora
Dios me ama infinitamente, ahora.
Dios ve mi pecado, pero elige verte que sos Su hijo/a.

Concéntrate en el presente. AHORA.

Dios Padre me ama infinitamente, ahora.
Dios Hijo, Jesucristo, me ama infinitamente, ahora.
Dios Espíritu Santo me ama infinitamente, ahora.
Eligo hacer el Bien porque amo a Dios Padre

María Santísima te ama infinitamente ahora
Los bienaventurados te aman infinitamente ahora.
Los ángeles del Señor te ama infinitamente ahora.
La Iglesia fundada en Pedro, obispo de Roma, te ama infinitamente ahora


domingo, abril 22, 2018

Imagine que está viviendo en el Espíritu Santo

¿Cómo me doy cuenta que tengo una vida en el Espiritu?


 Gálatas 5:
16. Por mi parte os digo: Si vivís según el Espíritu, no daréis satisfacción a las apetencias de la carne.
17. Pues la carne tiene apetencias contrarias al espíritu, y el espíritu contrarias a la carne, como que son entre sí antagónicos, de forma que no hacéis lo que quisierais.

 Galatas 5:
22. En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad,
23. mansedumbre, dominio de sí;
 ¿Qué tan importante es la Vida Eterna que viene del Espíritu?
 Las obras
  • Las obras de misericordia
La lengua
  • Eliminar las murmuraciones, las palabras vanas.
  • Eliminar el chusmerio, evitar las malas palabras
 Pensamientos y sentimientos
  •  Pensamientos y sentimientos puros, sin maldad.
Omisión
  • Evitar la haraganería.
  • Ser solicito siempre.
 Imagine que está viviendo en el Espíritu Santo, con la mirada llena de amor, sin avidez, un corazón noble y homesto, la mente llena de buenas intensiones.

martes, noviembre 07, 2017

Encuentro Personal con Cristo Jesús - fuente de conversión




Tú sigueme

Evangelio según san Juan:                                        Juan 1, 43
"El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halla a Felipe, al cual dijo: Sígueme".

Evangelio según san Juan:                                   Juan 21, 21-22
 "Entonces Pedro, al verlo, dijo a Jesús: Señor, ¿y éste, qué? Jesús le dijo: Si yo quiero que él se quede hasta que yo venga, ¿a ti, qué? Tú, sígueme".

 Para Jesús lo más importante es que lo sigamos, con la confianza que si lo seguimos terminaremos por amarlo más y no encontrando nada que se contradiga asimismo.

Evangelio según san Mateo:                                Mateo 11, 6
 ¡Y dichoso aquel que no encuentre en mí motivo de tropiezo!»

Condiciones para seguir a Jesús:
Evangelio según san Mateo:                                 Mateo 16, 24
 "Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame".

Obsérvese que el deseo es primero a la acción de seguirle. Alguien nos ha hablado maravillas de Jesús y ya deseamos conocerle y seguirlo. Mientras lo vamos conociendo, vamos sabiendo más de su doctrina, vamos conociendo al Padre y nos promete al Espíritu Santo que nos dará toda la verdad.

Evangelio según san Juan:                                     Juan 15, 26
"Yo les enviaré al Espíritu que viene del Padre, y que les enseñará lo que es la verdad. El Espíritu los ayudará y les hablará bien de mí".

 Con la expresión "nieguese a sí mismo", remarca la importancia de "dominio de sí mismo". San Pablo lo dirá de ésta manera:

  San Pablo a los cristiano de Galacia                  Gálatas 5, 16-18
"Digo, pues: Andad por el Espíritu, y no cumpliréis el deseo de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.

 Con la expresión "tome su cruz y sígame" tiene dos acepiones. La primera acepción, donde la cruz sería tener encuenta nuestra naturaleza humana y frágil propensa al pecado y la concupiscencia, por lo que nos lleva a conducirnos con humildad con todos los demás. Y la segunda acepcion, tomar la cruz es aceptar la situación que vivimos y nos humilla, recordandonos que no somos dioses y que debemos buscar a Dios.

Evangelio según san Juan:                                   Juan 15, 9-10
Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Antes de concluir,  si cumplimos estos mandamientos:


Evangelio según san Marcos:                               Marcos 12, 30-31
 "Ama a tu Dios con todo lo que piensas, con todo lo que eres y con todo lo que vales.” 31 Y el segundo mandamiento en importancia es: “Cada uno debe amar a su prójimo, como se ama a sí mismo.”

Pero no asistimos a misa no estamos siendo perfectos (Mateo 5, 48)


Evangelio según san Mateo:                                 Mateo 5, 48
 "Sean ustedes perfectos, como su Padre que está en el cielo es perfecto".

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martes, julio 04, 2017

Venid a mí



Evangelio según san Mateo (11,25-30):

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.» Palabra de Dios

-Gloria a ti Señor, Jesús.


Meditación del Papa Francisco

Venid a mí. La invitación de Jesús es para todos. Pero de manera especial para los que sufren más.

Jesús promete dar alivio a todos, pero nos hace también una invitación, que es como un mandamiento: Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón. El "yugo" del Señor consiste en cargar con el peso de los demás con amor fraternal. Una vez recibido el alivio y el consuelo de Cristo, estamos llamados a su vez a convertirnos en descanso y consuelo para los hermanos, con actitud mansa y humilde, a imitación del Maestro. La mansedumbre y la humildad del corazón nos ayudan no sólo a cargar con el peso de los demás, sino también a no cargar sobre ellos nuestros puntos de vista personales, y nuestros juicios, nuestras críticas o nuestra indiferencia.

Invoquemos a María Santísima, que acoge bajo su manto a todas las personas cansadas y agobiadas, para que a través de una fe iluminada, testimoniada en la vida, podamos ser alivio para cuantos tienen necesidad de ayuda, de ternura, de esperanza» (Papa Francisco, 13 de julio de 2014)



El contexto de los capítulos 11 y 12 de Mateo. Este contexto destaca y pone de relieve el que los pobres son los únicos que entienden y aceptan la sabiduría del Reino. Mucha gente no entendía esta preferencia de Jesús por los pobres y excluidos.
a) Juan Bautista, que miraba a Jesús con los ojos del pasado, queda con la duda (Mt 11,1-15).
b) la gente, que miraba a Jesús con finalidad interesada, no fue capaz de entenderle (Mt 11,16-19).
c) las grandes ciudades alrededor del lago, que oyeron la predicación de Jesús y vieron sus milagros, no quisieron abrirse a su mensaje (Mt 11,20-24).
d) los sabios y los doctores que lo juzgaban todo a partir de su propia ciencia, no fueron capaces de entender la predicación de Jesús (Mt 11,25).
e) ni sus parientes le entendían (Mt 12,46-50).
f) sólo los pequeños le entendían y aceptaban la Buena Nueva del Reino (Mt 11,25-30).
g) los otros quieren sacrificios, pero Jesús pide misericordia (Mt 12,1-8).
h) la reacción contra Jesús lleva a los fariseos a quererle matar (Mt 12,9-14).
i) le llamaban Jesús de Belcebú (Mt 12,22-32).
j) pero Jesús no miró atrás; siguió asumiendo la misión de Siervo, descrita en las profecías (Mt 12,15-21). Por causa de esto, fue perseguido, condenado a muerte.


Los sabios, los doctores de aquella época, habían creado una serie de leyes que ellos imponían al pueblo en nombre de Dios. Pensaban que Dios exigía del pueblo estas observancias. Pero la ley del amor, traída por Jesús, decía lo contrario. Lo que importa, no es lo que hacemos para Dios, sino lo que Dios, en su gran amor, ¡hace por nosotros! La gente entendía el hablar de Jesús y quedaba contenta. Los sabios pensaban que Jesús estaba en el error. No podían entender esa enseñanza que modificaba la relación de la gente con Dios.

Mateo 11,27: El origen de la nueva ley: el Hijo conoce al Padre. Jesús, el Hijo, conoce al Padre. Sabe lo que el Padre quería cuando, siglos atrás, entregó la Ley a Moisés. Aquello que el Padre nos quiere decir, lo entregó a Jesús, y Jesús lo reveló a los pequeños, porque éstos se abrieron a su mensaje. Hoy también Jesús está enseñando muchas cosas a los pobres y a los pequeños.


Mateo 11,28-30: Venid a mí los que estáis fatigados y sobrecargados. Jesús invita a todos los que están cansados a que vayan a él y les promete descanso. Es la gente que vive cansada bajo los impuestos y las observancias exigidas por las leyes de pureza. Y él dice: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”.


La invitación de la Sabiduría Divina para todos los que la buscan. Jesús convida a todos los que están sobrecargados por el peso de las observancias de la ley a que encuentren en él descanso y suavidad, pues él es manso y humilde de corazón, capaz de aliviar y consolar a la gente sufrida, cansada y abatida. Esta invitación revela un rasgo muy importante del rostro femenino de Dios: ternura y acogida que consuela, revitaliza a las personas y las lleva a sentirse bien. Jesús es entrañas y seno materno que el Padre ofrece al pueblo cansado (cf Is 66,10-13).


Propósito
Ante el agobio y cansancio del trabajo o de los problemas diré: Jesús, en ti confío.

Diálogo con Cristo
Señor Jesús, enséñame a someterme siempre a la voluntad del Padre, para encontrar el descanso que me ofreces. Es paradójico como busco evadir todo lo que implique pobreza, soledad, fatiga, cuando vividos contigo y por amor a Ti, son los medios excelentes que me pueden llevar a crecer en el amor. Ayúdame a ser manso y humilde de corazón.

domingo, abril 30, 2017

El Cuerpo del Resucitado

El cuerpo glorificado de Jesús Resucitado se parece al mismo Jesús de la Transfiguración (Lc. 9, Mc. 6, Mt. 10) Pero en realidad, el cuerpo resucitado y glorioso de Jesús es superior a todo lo conocidos.

Cuando Jesús toma cuerpo en el seno de María Satísima, no hay en el mundo ontológico otra realidad que cuerpo ungido de pecado, por eso decimos que Dios lo hizo pecado para que muriera en la Cruz, aunque en realidad en Jesús nunca hubo pecado. Matando en la cruz al pecado el cuerpo resucitado esta libre de la carne pecaminosa, el hombre nuevo ungido del Espíritu Santo surge victorioso.

Notese que el Resucitado no esta sujeto al tiempo ni al espacio, aparece y desaparece ante los ojos de los apóstoles y discípulos. Jesús Resucitado es más pleno y más perfecto. Por eso Jesús puede tomar de la sustancia del pan y ser El plenamente después de la consagración de las especies eucarísticas.

Nuestra esperanza está en esa carne redimida y victoriosa. "Que si morimos con El, también viviremos con El". 2 Timoteo 2:11 El misterio del Cuerpo Resucitado es también "indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: El fue manifestado en la carne, vindicado en el Espíritu, contemplado por ángeles, proclamado entre las naciones, creído en el mundo, recibido arriba en gloria".1 Timoteo 3:16

La fe en el Resucitado no defrauda porque no dejará de ser nunca un cuerpo glorioso y victorioso.

Hermanos, deseemos un encuentro con El, busquemoslo en nuestro dia a dia, seamos perseverantes en abrazarlo con amor y devoción. El amor de Dios es suficientemente bueno para que deseemos abrir nuestro corazón al que murió y también resucitó por nosotros.

miércoles, octubre 19, 2016

Deja que el Espíritu Santo te conduzca

 

 
 
 

Lucas 10,1-9  La vocación cristiana es sobre todo una llamada de amor que atrae y va más allá

 

Santo Evangelio según San Lucas 10,1-9

La misión de los setenta y dos: En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir. Y les dijo: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Al entrar en una casa, digan primero: "¡Que descienda la paz sobre esta casa!" Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes. Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa. En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; curen a sus enfermos y digan a la gente: "El Reino de Dios está cerca de ustedes". Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco

Debemos recordar la importancia de rezar para que, como dijo Jesús a sus discípulos, "el dueño de la mies… mande obreros a su mies."
Jesús nos dio este mandamiento en el contexto de un envío misionero: además de los doce apóstoles, llamó a otros setenta y dos discípulos y los mandó de dos en dos para la misión. Efectivamente, si la Iglesia es misionera por su naturaleza, la vocación cristiana nace necesariamente dentro de una experiencia de misión.
Así, escuchar y seguir la voz de Cristo Buen Pastor, dejándose atraer y conducir por él y consagrando a él la propia vida, significa aceptar que el Espíritu Santo nos introduzca en este dinamismo misionero, suscitando en nosotros el deseo y la determinación gozosa de entregar nuestra vida y gastarla por la causa del Reino de Dios.
Entregar la propia vida en esta actitud misionera sólo será posible si somos capaces de salir de nosotros mismos...
Quisiera reflexionar precisamente sobre ese particular «éxodo» que es la vocación o, mejor aún, nuestra respuesta a la vocación que Dios nos da. Cuando oímos la palabra «éxodo», nos viene a la mente inmediatamente el comienzo de la maravillosa historia de amor de Dios con el pueblo de sus hijos, una historia que pasa por los días dramáticos de la esclavitud en Egipto, la llamada de Moisés, la liberación y el camino hacia la tierra prometida.
El libro del Éxodo - el segundo libro de la Biblia -, que narra esta historia, representa una parábola de toda la historia de la salvación, y también de la dinámica fundamental de la fe cristiana.
De hecho, pasar de la esclavitud del hombre viejo a la vida nueva en Cristo es la obra redentora que se realiza en nosotros mediante la fe (cf. Ef 4,22-24). Este paso es un verdadero y real «éxodo», es el camino del alma cristiana y de toda la Iglesia, la orientación decisiva de la existencia hacia el Padre.
[...] En efecto, la vocación cristiana es sobre todo una llamada de amor que atrae y que se refiere a algo más allá de uno mismo, descentra a la persona, inicia un «camino permanente, como un salir del yo cerrado en sí mismo hacia su liberación en la entrega de sí y, precisamente de este modo, hacia el reencuentro consigo mismo, más aún, hacia el descubrimiento de Dios» (Benedicto XVI, Carta enc. Deus caritas est, 6).
[...] La Virgen María, modelo de toda vocación, no tuvo miedo a decir su «fiat» a la llamada del Señor. Ella nos acompaña y nos guía. Con la audacia generosa de la fe, María cantó la alegría de salir de sí misma y confiar a Dios sus proyectos de vida. A Ella nos dirigimos para estar plenamente disponibles al designio que Dios tiene para cada uno de nosotros, para que crezca en nosotros el deseo de salir e ir, con solicitud, al encuentro con los demás. 

Oración de Sanación

Señor, hoy te busco solicitando tu ayuda para que me ayudes a tener una mejor actitud ante la vida, más positiva, entusiasta y optimista y a saber controlarme y no desesperarme en los momentos difíciles. Concédeme la gracia de conocer y practicar siempre el bien, pues sin Ti, voy como con rumbo perdido hacia la nada. Que pueda vivir según tu voluntad, con lucidez e inteligencia para entender cuál es mi misión, asumirla y vivirla.

Ven mi Dios, dame el valor y la perseverancia para llegar a cumplir con todas mis responsabilidades y compromisos que me acercan a tu proyecto de salvación y a aceptar tus enseñanzas por muy duras que parezcan. Ven y cierra mis oídos a la calumnia y al chisme para evitar distraerme y no hacer, lo que por amor, debería estar haciendo. Que pueda ser un misionero valiente capaz de preparar a tu pueblo para el encuentro contigo. 

Quiero ser un testigo de tu amor, tener presente que el trabajo que realizo es por Ti y nada más que para Ti. Es un gran privilegio saber que has puesto tu mirada sobre mí y me has elegido de entre todas tus criaturas
No permitas que la duda me asalte antes de ponerme en camino. Envíame la ayuda divina de tus ángeles y la asistencia del Espíritu Santo para así pisar firme y ganar las fuerzas que requiero para seguir luchando
Concédeme un corazón libre, sin apegos ni afanes egoístas. Que yo pueda viajar liviano y evitar aquellos enredos que no edifiquen mi vida. Ayúdame a permanecer enfocado en Ti. Confío en que me llenas de tu Paz en este momento y me vas colmando de tu gracia. Amén

martes, septiembre 27, 2016

¿Qué son los pecados contra el Espíritu Santo?



PREGUNTA
Pido me explique qué significa el pecado imperdonable, el pecado contra el Espíritu Santo. Muchas gracias.


RESPUESTA

 Todos los pecados tienen perdón de Dios, menos uno: el pecado contra el Espíritu Santo. “Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada” (San Mateo 12, 31)

¿Cuáles son los pecados contra el Espíritu Santo?
Para una mejor comprensión del tema, conviene indicar desde luego cuáles son los pecados contra el Espíritu Santo, según el Libro de las Sentencias de Pedro Lombardo (2 d.43), que Santo Tomás recoge y analiza, y antiguamente se enseñaban en las clases de catecismo (cf. F. X. Schouppe  S.J., Curso Abreviado de Religión, Bouret, México, 1906, p. 439):
Los pecados contra el Espíritu Santo son seis: 1) desesperación de la salvación; 2) presunción de salvarse sin merecimientos; 3) negar la verdad conocida como tal; 4) tener envidia o pesar de la gracia ajena; 5) obstinación en el pecado; y, 6) impenitencia final. La referida obra añade que se llaman pecados contra el Espíritu Santo “los pecados de pura malicia, que siendo directamente opuestos a la misericordia de Dios y a la gracias del Espíritu Santo, hacen muy difícil la conversión”.

Expliquemos...
 La blasfemia no es solamente con palabras, sino también y sobre todo con hechos. ¿Quién blasfema? Quien no se siente necesitado de Dios, quien no se siente pecador o se cree sin pecado, cerrarse al llamado de Dios a la conversión, endurecer el corazón a tal punto que a la persona no le interesa Dios.

Santo Tomás observa que la voluntad se inclina al mal de diversas maneras: “A veces ocurre por falta de la razón, como cuando uno peca por ignorancia; mas a veces por el impulso del apetito sensitivo, como cuando peca por pasión. Mas ninguna de estas dos cosas es pecar por pura malicia; sino que sólo peca uno por pura malicia cuando la voluntad por sí misma se mueve al mal” (I-II, q.78 a.3 c.).
Aquí está lo que define a los pecados contra el Espíritu Santo: son los que se cometen por “pura malicia”, no simplemente por ignorancia o pasión.
Como éste es un concepto fundamental para la comprensión de la materia, conviene desmenuzarlo.
Santo Tomás usa, en latín, la expresión certa malitia, que el padre Schouppe traduce bien por pura malicia. En efecto, el primer sentido de la palabra certa, en latín, indica aquello que está perfectamente decidido, resuelto y determinado en nuestro espíritu. Por lo tanto, el pecado cometido con certa malitia no es el pecado cometido por debilidad, ignorancia o pasión, sino el que es cometido con perfecta adhesión de la voluntad al mal que envuelve el pecado.
Tenga el lector la bondad de releer la frase de Santo Tomás citada al inicio de este tópico, para ver si le quedó claro. Añado apenas, colateralmente, que la ignorancia no siempre excusa de pecado, pues ella puede ser culposa, y en ese caso tendremos lo que Santo Tomás llama pecado por ignorancia.
Comprendida, pues, la noción de certa malitia o pura malicia, podemos mostrar cómo ella está presente en los seis pecados que el Catecismo nos presenta como pecados contra el Espíritu Santo.
La malicia de los pecados contra el Espíritu Santo



1) Desesperación de la salvación;
 2) presunción de salvarse sin merecimientos — Dice Santo Tomás: “El hombre, en efecto, se retrae de la elección del pecado por la consideración del juicio divino, que conlleva entremezcladas justicia y misericordia, y encuentra también ayuda en la esperanza que surge ante el pensamiento de la misericordia, que perdona el mal y premia el bien; esta esperanza la destruye la desesperación. El hombre encuentra también ayuda en el temor que nace de pensar que la justicia divina castiga el pecado, y ese temor desaparece por la presunción, que lleva al hombre al extremo de pensar que puede alcanzar la gloria sin méritos y el perdón sin arrepentimiento” (II-II, q.14 a.2 c.). Este rechazo de la justicia y misericordia divinas implica una pura malitia certa, pues son dos atributos divinos que nadie desconoce.
3) negar la verdad conocida como tal;
4) tener envidia o pesar de la gracia ajena — Dice Santo Tomás: “Los dones de Dios que nos retraen del pecado son dos. Uno de ellos, el conocimiento de la verdad, y contra él se señala la impugnación a la verdad conocida, hecho que sucede cuando alguien impugna la verdad de fe conocida para pecar con mayor libertad. El otro, el auxilio de la gracia interior, al que se opone la envidia de la gracia fraterna, envidiando no sólo al hermano en su persona, sino también el crecimiento de la gracia de Dios en el mundo” (loc. cit.). Posiciones de alma que, una vez más, implican evidentemente malitia certa.
5) obstinación en el pecado; y, 6) impenitencia final — Dice Santo Tomás: “Por parte del pecado, son dos las cosas que pueden retraer al hombre del mismo. Una de ellas, el desorden y la torpeza de la acción, cuya consideración suele inducir al hombre a la penitencia del pecado cometido. A ello se opone la impenitencia, no en el sentido de permanencia en el pecado hasta la muerte, [...] ya que en ese sentido no sería pecado especial, sino una circunstancia del pecado; aquí, en cambio, se entiende la impenitencia en cuanto entraña el propósito de no arrepentirse. La otra cosa que aleja al hombre del pecado es la inanidad y caducidad del bien que se busca en él, a tenor del testimonio del Apóstol: «¿Qué frutos cosechasteis de aquellas cosas que al presente os avergüenzan?» (Rom. 6, 21). Esta consideración suele inducir al hombre a no afianzar su voluntad en el pecado. Todo ello se desvanece con la obstinación, por la que reitera el hombre su propósito de aferrarse en el pecado” (loc. cit.).
Una vez explicadas las diversas formas que asumen los pecados contra el Espíritu Santo, nos faltaría mostrar en qué sentido se dice que ellos son imperdonables. Pero el espacio se acabó... y queda para el próximo mes.
Mientras tanto, pidamos a la Santísima Virgen, Madre de Misericordia, Auxilio de los cristianos y Refugio de los pecadores, que nos dé la gracia de no caer en cualquiera de esos pecados monstruosos que, como advirtió Nuestro Señor Jesucristo, son imperdonables.

Blasfemias contra la Santísima Trinidad
“Otros —explica Santo Tomás— lo entienden de otra manera, diciendo que hay pecado o blasfemia contra el Espíritu Santo cuando se peca contra el bien apropiado al Espíritu Santo, al cual se le apropia la bondad, como al Padre el poder y al Hijo la sabiduría. Según eso, dicen que hay pecado contra el Padre cuando se peca por debilidad; contra el Hijo, por ignorancia; y contra el Espíritu Santo, por pura malicia” (Suma teológica IIª-IIæ, q.14 a.1, c). El concepto de pura malicia fue  y lleva en sí un pecado cometido con perfecta adhesión de la voluntad al mal, no simplemente por ignorancia, debilidad o pasión.
Aquí ya se comienza a comprender que, en el pecado contra el Padre (por debilidad) o contra el Hijo (por ignorancia), el pecador se deja conducir más fácilmente al arrepentimiento, y de éste al pedido de perdón, mientras el pecado contra el Espíritu Santo (por malicia) lleva a la obstinación en el pecado, y por lo tanto al rechazo del perdón. ¡No es Dios que no quiere perdonar; es el pecador que no quiere arrepentirse y, consecuentemente, ser perdonado!
Los milagros espirituales también ocurren...
Santo Tomás compara el pecado contra el Espíritu Santo a una enfermedad incurable: “Sucede algo análogo a lo que se dice de una enfermedad que por su misma naturaleza es incurable, porque no hay base de recuperación, sea porque se destruye la virtud de la naturaleza, sea porque causa náuseas de la comida o de la medicina, aunque esa dolencia pueda curarla Dios. Así sucede con el pecado contra el Espíritu Santo. Se dice de él que es irremisible por su naturaleza, en cuanto que excluye lo que causa la remisión del pecado [esto es, el arrepentimiento y el pedido de perdón]. No queda, sin embargo, cerrado del todo el camino del perdón y de la salud a la omnipotencia y misericordia de Dios, la cual, como por milagro, sana a veces [aliquando] espiritualmente a esos impenitentes” (Suma teológica IIª-IIæ, q.14 a.3, c.).
Así, Dios manifiesta su omnipotencia misericordiosa, convirtiendo al pecador como que a rebeldía de la obstinación de éste... Pero Santo Tomás observa que eso se da apenas a veces, para mostrar cuán raramente ocurre; como raros son también los milagros de carácter físico. En general, prevalece la tesis de la irremisibilidad de los pecados contra el Espíritu Santo, según el texto de San Mateo citado al inicio.
De ese modo, la aparente contradicción se resuelve.
¡La Antigüedad pagana ya versaba sobre estos temas!
Alguien podría pensar que tales puntos de la más genuina teología católica eran desconocidos por los filósofos de la Antigüedad. No obstante, en más de un punto se ve que Dios fue preparando los pueblos paganos para la aceptación del cristianismo.



Ahora bien, el mensaje que la Santísima Virgen fue portadora en Fátima, en 1917, era precisamente una alerta para esa pérdida de la noción de pecado, con la advertencia de que, si los hombres no se enmendasen, grandes castigos se abatirían sobre la humanidad.
Nadie osará decir que, de entonces para acá, la situación mejoró. ¡Todo lo contrario! Pero no es propio de la Providencia desalentar a los hombres en ninguna circunstancia. Por eso, sobre las nubes tenebrosas que se ciernen sobre el mundo, brilla una luz más brillante que el Sol: la promesa de Nuestra Señora de que, después de convulsiones de porte universal, ¡habrá un gran retorno de la humanidad a las vías sagradas de la civilización cristiana y la instauración del Reino del Inmaculado Corazón de María! La humanidad entonará un gran himno de alabanza al divino Espíritu Santo, que sofocará el rugido, ya entonces evanescente, de las actuales blasfemias contra el mismo Espíritu Santo. Así lo esperamos. Así sea.   
http://www.fatima.pe/articulo-530-que-son-los-pecados-contra-el-espiritu-santo

 https://www.youtube.com/watch?v=jNdhwLK2DkI