En visperas de Pentecostés hice una experiencia con los alumnos de catequesis.
Primero les expliqué que yo no poseo poderes ni soy diferente a los demás. El exito de la experiencia estaba en manos de Dios.
Nosotros nos paramos en ronda con las palmas de las manos hacia arriba , los ojos cerrados y comenzamos a llamar al Espíritu Santo como hacen los católicos carismaticos. Permanecimos así durante 15 minutos.
Hubo una efusión y todos quedamos llenos del Espíritu Santo.
Luego le dimos gracias a Dios por manifestarse y posteriormente cada uno contó su experiencia.
Una niña que sufre asma sintió que algo la protegía, otra niña sintió calor...
Yo sentí un viento fuerte que venía de arriba (de lo alto)
Analisis: Desde que el Hijo de Dios ascendió a los Cielos, Dios Padre y Dios Hijo nos envian a Dios Espíritu Santo (Jn 15, 26).
El sábado pasado propusé otra experiencia diferente, esta vez basada en las experiencias de Santa Teresa de Avila en "Las moradas".
Nuevamente les explique que yo soy igual a cualquiera y que si Dios se manifestaba era por su misericordia y por su voluntad.
Esta vez estabamos sentados con las palmas de las manos hacia arriba, los ojos cerrados y respirando profundo inflando y vaciando el torax. Permanecimos así durante 20 minutos. Pedimos a Dios que se manifieste, a la Santísima Trinidad, Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo.
Luego le dimos gracias a Dios por manifestarse y posteriormente cada uno contó su experiencia.
Todos sentimos un calor suave en el pecho y algunos vieron colores.
Analisis: Todos los que fuimos bautizados en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo somos habitados por la Santísima Trinidad y le debemos reconocer y tener presente siempre.
lunes, junio 16, 2014
miércoles, junio 04, 2014
Papa Francisco: Tengamos fe que con sus llagas Jesús pide a Dios que nos perdone

El Francisco Francisco /
Foto: ACI Prensa
VATICANO, 03 Jun. 14 / 09:54 am (ACI/EWTN Noticias).-
Durante la Misa
matutina celebrada en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco alentó a los
fieles a tener fe de que Cristo es el abogado de la Iglesia
que reza y muestra las llagas de su crucifixión a Dios, para que la perdone y
la ayude, pues ellas fueron el precio que pagó por nuestros pecados.
“Hay una cosa que Jesús hace hoy: estoy seguro que
lo hace. Él le hace ver al Padre sus llagas y Jesús, con sus llagas, reza por
nosotros, como si dijera al Padre: ‘Pero, Padre, éste es el precio de éstos,
¿eh? Ayúdalos, protégelos. Son tus hijos que yo he salvado, con esto’”, expresó
el Santo Padre.
Francisco recordó que cuando Pablo se fue a Mileto
todos están tristes, tal como le sucedió a los discípulos cuando Jesús
pronunció sus palabras de despedida antes de “ir al Getsemaní y dar comienzo a
la Pasión”.
“Hay una pequeña frase de despedida de Jesús que
nos hace pensar”, señaló el Papa. Jesús “habla con el Padre y le dice: ‘Yo rezo
por ellos’. Jesús reza por nosotros”. Así como hizo por Pedro y por Lázaro ante
su tumba, Jesús dice “todos ustedes son del Padre. Y yo rezo por ustedes ante
el Padre”. Jesús no reza por el mundo, “reza por nosotros”, “reza por su
Iglesia”, aseguró el Papa.
En ese sentido, recordó que el apóstol Juan alienta
a no pecar, “pero si alguno de ustedes peca, sepan que tenemos un abogado ante
el Padre, uno que reza por nosotros, nos defiende ante el Padre, nos
justifica”.
Según informó Radio Vaticana, Francisco invitó a
los fieles a “pensar mucho en esta verdad, en esta realidad: en este momento,
Jesús está orando por mí. Yo puedo ir adelante en la vida porque tengo un abogado que me defiende y si yo
soy culpable y tengo tantos pecados ¡eh!, hay un buen abogado defensor, éste, y
hablará al Padre de mí”.
Asimismo, indicó, Cristo es el primer abogado que
envía después al Paráclito. Cuando “tenemos alguna necesidad, algún problema”
debemos pedir a Jesús que rece por nosotros. “Y hoy –preguntó– ¿cómo reza
Jesús? Yo creo que no habla demasiado con el Padre”.
“No habla: ama. Pero hay una cosa que Jesús hace
hoy: estoy seguro que lo hace. Él le hace ver al Padre sus llagas y Jesús, con
sus llagas, reza por nosotros, como si dijera al Padre: ‘Pero, Padre, éste es
el precio de éstos, ¿eh? Ayúdalos, protégelos. Son tus hijos que yo he salvado,
con esto’”, expresó el Papa.
Durante su homilía, Francisco indicó que Jesús,
“después de la resurrección, ha querido este cuerpo glorioso, bellísimo”, donde
no estaban los moretones ni las heridas de la flagelación, “pero estaban las
llagas. Las cinco llagas. ¿Por qué Jesús ha querido llevarlas al cielo? ¿Por qué? Para rezar por nosotros. Para hacer ver
al Padre el precio: ‘Éste es el precio, ahora no los dejes solos. Ayúdalos’”.
Nosotros debemos tener esta fe – añadió el Santo
Padre –, de “creer que Jesús, en este momento, intercede ante el Padre por
nosotros, por cada uno de nosotros”. Y cuando nosotros rezamos, no debemos
olvidarnos de pedir a Jesús que rece por nosotros, invitó.
“Jesús, reza por mí. Le hace ver al Padre tus
llagas que son también las mías, son las llagas de mi pecado. Son las llagas de
mi problema en este momento. Jesús intercesor, sólo hace ver al Padre sus
llagas. Y esto sucede hoy, en este momento. Tomemos la palabra que Jesús dijo a
Pedro: ‘Pedro, yo rezaré por ti para que tu fe no decaiga’”, aseguró el Papa.
En ese sentido, invitó a estar seguros de que “Él
está haciendo esto por cada uno de nosotros. Debemos tener confianza “en esta
oración de Jesús con sus llagas ante el Padre”.
Etiquetas: Perdón,
Papa Francisco, Misa Santa Marta, Dios
martes, junio 03, 2014
Lecturas para Meditación y Contemplación
“Tú me escrutas, Señor, y me conoces;
sabes cuando me
siento y me levanto,
mi pensamiento
percibes desde lejos;
de camino o
acostado, tú lo adviertes,
familiares te son
todas mis sendas”. Salmo 139,
1-3
“mis huesos no se
te ocultaban,
cuando era formado
en lo secreto,
tejido en las
honduras de la tierra”. Salmo 139,
15
“Porque tú has
formado mi cuerpo,
me has tejido en el
vientre de mi madre;
te doy gracias por
tantas maravillas:
prodigio soy,
prodigios tus obras”. Salmo 139,
13-14
“Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a
imagen de Dios lo creó, macho y hembra los creó”. Gn 1, 27
“Él creó, de un
solo principio, todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la faz de
la tierra fijando los tiempos determinados y los límites del lugar donde habían
de habitar, con el fin de que buscasen la divinidad, para ver si a tientas la
buscaban y la hallaban; por más que no se encuentra lejos de cada uno de
nosotros, pues en Él vivimos, nos movemos y existimos, como han dicho algunos
de ustedes: ‘Porque somos también de su linaje’”. Hch 17, 26-28
“Antes de haberte formado Yo en el vientre, te
conocía; antes que nacieras te había consagrado profeta. Yo te tenía destinado
a las naciones" Jer. 1, 4-5
“Bien conozco los designios
que abrigo sobre ustedes, Son de paz, no de desgracia; de daros un porvenir
cuajado de esperanza”. Jer. 29, 11
“…de lejos Señor se me apareció. Con amor eterno te he
amado por eso te he reservado mi favor”. Jer. 31, 3
“Pactaré con ellos una alianza
eterna –que no revocaré después de ellos- les procuraré el bien y haré que me
respeten de corazón”. Jer. 32, 40-41
“Llámame y te responderé; te mostraré cosas grandes, inaccesibles, que
desconocías”. Jer. 33, 3
“A Él, por quienes somos
herederos, elegidos de antemano según el previo designio del que realiza todo
conforme a la decisión de su voluntad, para ser nosotros alabanza de su gloria,
los que ya antes esperábamos en Cristo” Ef 1,
11-12
“Por eso doblo mis rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda
familia en el cielo y en la tierra”. Ef 3, 14-15. “A Aquel que tiene
poder para realizar todas las cosas incomparablemente mejor de lo que podemos
pedir o pensar, confirme al poder que actúa en nosotros”. Ef 3, 20
“En ti busco apoyo desde el
vientre,
eres mi fuerza desde el seno
materno.
¡A ti dirijo siempre mi
alabanza!”. Sal
71, 6
“Confía en el Señor y obra bien
vive en la tierra y practica
la lealtad,
disfruta pensando en el Señor
y te dará lo que pida tu
corazón”. Sal
37, 4
“Cuando gritan, el Señor los oye
y los libra de sus angustias”. Sal 34,
18
“Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais a mí, porque yo he salido y
vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino que Él me ha enviado”. Jn 8,
41-44.
“Yo les he dado
la gloria que Tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno; yo en
ellos y Tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que Tú me
has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a Mí”. Jn 17, 22-23.
“Y nosotros hemos conocido y hemos creído en el amor que Dios nos tiene.
Dios es Amor: y el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él”. 1Jn
4, 16. 10.
“Mirad qué amor nos ha tenido
el Padre para llamarnos hijos de Dios,
pues ¡lo somos! Por eso el mundo no nos conoce porque no le reconoció a Él”.1Jn 3, 1
“Todo el que niega al Hijo no posee al Padre. Todo el
que confiesa al Hijo posee también al Padre” 1Jn 2, 23.
“Si, pues, ustedes, siendo
malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡Cuánto más vuestro Padre que
está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!” Mt 7, 11
“Ustedes, pues, sean perfectos como es perfecto vuestro Padre
celestial”. Mt 5, 48
“… ya sabe vuestro Padre
celestial que tienes necesidad de todo eso. Buscad el Reino de Dios y su
justicia y todas esas cosas se darán por añadidura”. Mt 6, 31-33
“… toda dadiva y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre
de las luces, en quien no hay cambio ni fase de sombra”. Santiago 1, 17
“El Señor, tu Dios está en medio
de ti, ¡un poderoso salvador! Exulta de gozo por ti, te renueva con su amor; danza por ti con gritos
de júbilo, como en los días de fiesta”. Sofonías 3, 17-18ª
“Ahora, pues, si de veras me obedeces y guardas mi alianza, serás mi
propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra” Ex.
19, 5
“Buscarás al Señor tu Dios y lo encontrarás si
lo buscas con todo tu corazón y con toda tu alma” Deut. 4, 29
“Trabajad con sumo cuidado por vuestra salvación, pues
es Dios quien, con su benevolencia, realiza en vosotros el ser y el obrar”. Filipenses
2, 13
“Que el mismo
Señor nuestro Jesucristo y Dios, nuestro
Padre, que nos ha amado y que nos ha dado gratuitamente una consolación eterna
y una esperanza dichosa, consuele vuestros corazones y los afiance en toda obra
y palabra buena”. 2 Tes 2, 16-17
“¡Bendito sea el Dios y Padre
de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación,
que nos consuela en toda tribulación nuestra para poder nosotros consolar a los
que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos
consolados por Dios!”. 2 Co 1, 3-4
“Y todo proviene de Dios, que
nos reconcilió consigo por Cristo y nos confió el ministerio de la
reconciliación. Porque en Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo, no
tomando en cuenta las trasgresiones de los hombres, sino poniendo en nosotros
la palabra de la reconciliación”. 2Co 5, 18-19
“Y oí una fuerte voz que decía
desde el trono: Esta es la morada de Dios con los hombres. Pondrá su morada
entre ellos y ellos serán su pueblo y Él, ‘Dios con ellos’, será su Dios”.
Ap. 21, 3-4
“Si Dios está por nosotros,
¿quién contra nosotros? El que no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó
por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con Él graciosamente todas las cosas? Rm 8, 31-32.
“Estoy seguro de que ni la muerte ni la vida ni los
ángeles ni los principados ni lo presente ni lo futuro ni las potestades, ni la
altura ni la profundidad ni otra creatura alguna podrá separarnos del amor de
Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro”.
Rm 8, 38.39.
sábado, mayo 31, 2014
Del Ritual griego - Oración contra el maléfico
Kýrie
eléison: Dios nuestro, oh Soberano de los siglos, omnipotente y todopoderoso,
Tú que has hecho todo y que todo lo transformaste con tu sola voluntad; Tú que
en Babilonia has transformado en rocío la llama del horno siete veces más ardiente
y has salvado a tus tres niños santos; Tú que eres el médico de nuestras almas;
te pedimos y te invocamos; inutiliza, echa y pon en fuga a cada potencia
diabólica, a cada presencia y maquinación satánica, y a cada influencia maligna
y a cada maléfico o mal de ojo de personas maléficas y malvadas que obran en tu
siervo (N.N.) y haz que, en lugar de
la envidia y del maléfico, obtenga abundancia de bienes, fuerza, éxito y
caridad. Tú, Señor que amas a los hombres, extiende tus manos poderosas y tus
brazos altísimos y potentes y ven a socorrer y visitar ésta imagen tuya,
mandando sobre ella al Ángel de la paz, fuerte y protector del alma y del
cuerpo, que mantendrá alejada y echará a cualquier fuerza malvada, a todo envenenamiento
y hechicería de personas corruptas y envidiosas; de manera que, bajo tu amparo,
tu suplicante protegido te cante con gratitud:
“El Señor es mi socorro y no temeré lo
que pueda hacerme el hombre”; más aún: ”No tendré temor del mal porque Tú estás conmigo, Tú eres mi Dios, mi
fuerza, mi Señor poderoso, Señor de la paz, Padre de los siglos futuros”.
Sí,
Señor Dios nuestro, ten compasión de tu imagen y salva a tu siervo (N.N.) de todo daño o amenaza procedente
de maleficio, y protégelo poniéndolo por encima de todo mal; por la intercesión
de la más que bendita, gloriosa Señora, la Madre de Dios y siempre Virgen
María, de los resplandecientes Arcángeles y de todos tus santos. Amén.
jueves, mayo 15, 2014
Pentecostés
Inicio de la Iglesia de Cristo, fiesta que se celebra 50 días después de la Resurrección del Señor.
Origen
de la fiesta
Los judíos celebraban una fiesta para dar gracias por las cosechas, 50 días después de la pascua. De ahí viene el nombre de Pentecostés. Luego, el sentido de la celebración cambió por el dar gracias por la Ley entregada a Moisés.
En esta fiesta recordaban el día en que Moisés subió al Monte Sinaí y recibió las tablas de la Ley y le enseñó al pueblo de Israel lo que Dios quería de ellos. Celebraban así, la alianza del Antiguo Testamento que el pueblo estableció con Dios: ellos se comprometieron a vivir según sus mandamientos y Dios se comprometió a estar con ellos siempre.
En el marco de esta fiesta judía es donde surge nuestra fiesta cristiana de Pentecostés.
La Promesa del Espíritu Santo
Durante la Última Cena, Jesús les promete a sus apóstoles: “Mi Padre dará otro Abogado, que estará con ustedes para siempre: el espíritu de Verdad” (San Juan 14, 16-17).
Más adelante les dice: “Les he dicho estas cosas mientras estoy con ustedes; pero el Abogado, El Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, ése les enseñará todo y traerá a la memoria todo lo que yo les he dicho.” (San Juan 14, 25-26).
Al terminar la cena, les vuelve a hacer la misma promesa: “Les conviene que yo me vaya, pues al irme vendrá el Abogado,... muchas cosas tengo todavía que decirles, pero no se las diré ahora. Cuando venga Aquél, el Espíritu de Verdad, os guiará hasta la verdad completa,... y os comunicará las cosas que están por venir” (San Juan 16, 7-14).
En el calendario del Año Litúrgico, después de la fiesta de la Ascensión, a los cincuenta días de la Resurrección de Jesús, celebramos la fiesta de Pentecostés.
Explicación de la fiesta:
Después de la Ascensión de Jesús, se encontraban reunidos los apóstoles con María, la madre de Jesús. Era el día de la fiesta de Pentecostés. Tenían miedo de salir a predicar. Repentinamente, se escuchó un fuerte viento y pequeñas lenguas de fuego se posaron sobre cada uno de ellos.
Quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas desconocidas.
En esos días, había muchos extranjeros y visitantes en Jerusalén, que venían de todas partes del mundo a celebrar la fiesta de Pentecostés judía. Cada uno oía hablar a los apóstoles en su propio idioma y entendían a la perfección lo que ellos hablaban.
Todos ellos, desde ese día, ya no tuvieron miedo y salieron a predicar a todo el mundo las enseñanzas de Jesús. El Espíritu Santo les dio fuerzas para la gran misión que tenían que cumplir: Llevar la palabra de Jesús a todas las naciones, y bautizar a todos los hombres en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Es este día cuando comenzó a existir la Iglesia como tal.
¿Quién es el Espíritu Santo?
El Espíritu Santo es Dios, es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia nos enseña que el Espíritu Santo es el amor que existe entre el Padre y el Hijo. Este amor es tan grande y tan perfecto que forma una tercera persona. El Espíritu Santo llena nuestras almas en el Bautismo y después, de manera perfecta, en la Confirmación. Con el amor divino de Dios dentro de nosotros, somos capaces de amar a Dios y al prójimo. El Espíritu Santo nos ayuda a cumplir nuestro compromiso de vida con Jesús.
Señales del Espíritu Santo:
El viento, el fuego, la paloma.
Estos símbolos nos revelan los poderes que el Espíritu Santo nos da:
Los judíos celebraban una fiesta para dar gracias por las cosechas, 50 días después de la pascua. De ahí viene el nombre de Pentecostés. Luego, el sentido de la celebración cambió por el dar gracias por la Ley entregada a Moisés.
En esta fiesta recordaban el día en que Moisés subió al Monte Sinaí y recibió las tablas de la Ley y le enseñó al pueblo de Israel lo que Dios quería de ellos. Celebraban así, la alianza del Antiguo Testamento que el pueblo estableció con Dios: ellos se comprometieron a vivir según sus mandamientos y Dios se comprometió a estar con ellos siempre.
En el marco de esta fiesta judía es donde surge nuestra fiesta cristiana de Pentecostés.
La Promesa del Espíritu Santo
Durante la Última Cena, Jesús les promete a sus apóstoles: “Mi Padre dará otro Abogado, que estará con ustedes para siempre: el espíritu de Verdad” (San Juan 14, 16-17).
Más adelante les dice: “Les he dicho estas cosas mientras estoy con ustedes; pero el Abogado, El Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, ése les enseñará todo y traerá a la memoria todo lo que yo les he dicho.” (San Juan 14, 25-26).
Al terminar la cena, les vuelve a hacer la misma promesa: “Les conviene que yo me vaya, pues al irme vendrá el Abogado,... muchas cosas tengo todavía que decirles, pero no se las diré ahora. Cuando venga Aquél, el Espíritu de Verdad, os guiará hasta la verdad completa,... y os comunicará las cosas que están por venir” (San Juan 16, 7-14).
En el calendario del Año Litúrgico, después de la fiesta de la Ascensión, a los cincuenta días de la Resurrección de Jesús, celebramos la fiesta de Pentecostés.
Explicación de la fiesta:
Después de la Ascensión de Jesús, se encontraban reunidos los apóstoles con María, la madre de Jesús. Era el día de la fiesta de Pentecostés. Tenían miedo de salir a predicar. Repentinamente, se escuchó un fuerte viento y pequeñas lenguas de fuego se posaron sobre cada uno de ellos.
Quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas desconocidas.
En esos días, había muchos extranjeros y visitantes en Jerusalén, que venían de todas partes del mundo a celebrar la fiesta de Pentecostés judía. Cada uno oía hablar a los apóstoles en su propio idioma y entendían a la perfección lo que ellos hablaban.
Todos ellos, desde ese día, ya no tuvieron miedo y salieron a predicar a todo el mundo las enseñanzas de Jesús. El Espíritu Santo les dio fuerzas para la gran misión que tenían que cumplir: Llevar la palabra de Jesús a todas las naciones, y bautizar a todos los hombres en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Es este día cuando comenzó a existir la Iglesia como tal.
¿Quién es el Espíritu Santo?
El Espíritu Santo es Dios, es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia nos enseña que el Espíritu Santo es el amor que existe entre el Padre y el Hijo. Este amor es tan grande y tan perfecto que forma una tercera persona. El Espíritu Santo llena nuestras almas en el Bautismo y después, de manera perfecta, en la Confirmación. Con el amor divino de Dios dentro de nosotros, somos capaces de amar a Dios y al prójimo. El Espíritu Santo nos ayuda a cumplir nuestro compromiso de vida con Jesús.
Señales del Espíritu Santo:
El viento, el fuego, la paloma.
Estos símbolos nos revelan los poderes que el Espíritu Santo nos da:
El viento es una fuerza invisible pero real.
Así es el Espíritu Santo.
El fuego es un
elemento que limpia.
El Espíritu Santo es una fuerza invisible y poderosa que habita en nosotros y nos purifica de nuestro egoísmo para dejar paso al amor.
Nombres del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo ha recibido varios nombres a lo largo del nuevo Testamento: el Espíritu de verdad, el Abogado, el Paráclito, el Consolador, el Santificador.
Misión del Espíritu Santo:
El Espíritu Santo es una fuerza invisible y poderosa que habita en nosotros y nos purifica de nuestro egoísmo para dejar paso al amor.
Nombres del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo ha recibido varios nombres a lo largo del nuevo Testamento: el Espíritu de verdad, el Abogado, el Paráclito, el Consolador, el Santificador.
Misión del Espíritu Santo:
· El Espíritu Santo es santificador:
Para que el Espíritu Santo logre cumplir con su función, necesitamos
entregarnos totalmente a Él y dejarnos
conducir dócilmente por sus inspiraciones para que pueda perfeccionarnos y
crecer todos los días en la santidad.
· El Espíritu Santo mora en nosotros: En San Juan 14, 16, encontramos la
siguiente frase: “Yo rogaré al Padre y les dará otro abogado que
estará con ustedes para siempre”. También, en I Corintios 3. 16 dice:
“¿No saben que son templo de Dios y que el Espíritu Santo habita en ustedes?”.
Es por esta razón que debemos respetar nuestro cuerpo y nuestra alma. Está en
nosotros para obrar porque es “dador de vida” y es el amor.
· El Espíritu Santo ora en nosotros: Necesitamos de un gran silencio interior y de una profunda pobreza espiritual para pedir
que ore en nosotros el Espíritu Santo. Dejar que Dios ore en nosotros siendo
dóciles al Espíritu. “Dios interviene
para bien de los que le aman”.
· El Espíritu Santo nos lleva a la
verdad plena, nos fortalece para que podamos ser testigos del Señor, nos
muestra la maravillosa riqueza del mensaje cristiano, nos llena de amor, de
paz, de gozo, de fe y de creciente esperanza.
El Espíritu Santo y la Iglesia:
Desde la fundación de la Iglesia el día de Pentecostés, el Espíritu Santo es quien la construye, anima y santifica, le da vida y unidad y la enriquece con sus dones.
El Espíritu Santo sigue trabajando en la Iglesia de muchas maneras distintas, inspirando, motivando e impulsando a los cristianos, en forma individual o como Iglesia entera, al proclamar la Buena Nueva de Jesús.
Por ejemplo, inspira al Papa a dar la Exhortación Apostólica: “Evangelii Gaudium”
El Espíritu Santo asiste especialmente al representante de Cristo en la Tierra, el Papa, para que guíe rectamente a la Iglesia y cumpla su labor de pastor del rebaño de Jesucristo.
El Espíritu Santo construye, santifica y da vida y unidad a la Iglesia.
El Espíritu Santo tiene el poder de animarnos y santificarnos y lograr en nosotros actos que, por nosotros, no realizaríamos.
El Espíritu Santo y la Iglesia:
Desde la fundación de la Iglesia el día de Pentecostés, el Espíritu Santo es quien la construye, anima y santifica, le da vida y unidad y la enriquece con sus dones.
El Espíritu Santo sigue trabajando en la Iglesia de muchas maneras distintas, inspirando, motivando e impulsando a los cristianos, en forma individual o como Iglesia entera, al proclamar la Buena Nueva de Jesús.
Por ejemplo, inspira al Papa a dar la Exhortación Apostólica: “Evangelii Gaudium”
El Espíritu Santo asiste especialmente al representante de Cristo en la Tierra, el Papa, para que guíe rectamente a la Iglesia y cumpla su labor de pastor del rebaño de Jesucristo.
El Espíritu Santo construye, santifica y da vida y unidad a la Iglesia.
El Espíritu Santo tiene el poder de animarnos y santificarnos y lograr en nosotros actos que, por nosotros, no realizaríamos.
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